Ya es noche cerrada y al mirar de reojo el reloj, algo me dice que también es hora intempestiva. Me rodea un silencio creativo y cómplice que va tranquilizando los instantes. Acudo, como de costumbre, hasta las habitaciones de la sangre para rescatar palabras expresivas. Y lo hago del corazón al aire; que es una manera de diluirse en los otros, a modo de un confluir equivalente. Se trata de escribir unas modestas líneas para las personas que hemos participado en un extenso curso de marketing digital.

Releo algunas notas que están escritas con una letra cada vez más desordenada. Pinceladas de instantes que han sido pergüeñadas en hojas amigables, retazos de acompasadas horas, anécdotas a vuelapluma, vestigios de minutos precoces a los que tratas de retener en esencial.

Y en las notas descritas, unos nombres propios junto con algunas descripciones: Tomás, un profesor que quiere humanizar el marketing; Noelia, en cuya fina retranca a veces me he visto reflejado; Eva, niña grande con la cabeza llena de sueños y osadías; Nines, terremoto creativo que siempre exhibe una risa franca y una mirada transparente; Rocio, cuya vena artística ha permanecido escondida y tal vez pocos hemos podido descubrir; Alina, que abraza de improviso y pone en ello una intención muy cariñosa; Karen, de sonrisa fácil a la que le ha encantado la palabra periplo; Loreto, que tiene voz radiofónica y un temple en el carácter que me encanta; Clara, que no pierde la dulzura en la mirada, ni la faceta profesional y responsable; Gustavo, al que le descubrí un excelente sentido del humor y una ironía que daba para muchas tertulias; David, que ha sido el anárquico del grupo, músico y muy inteligente; Nuria, tímida y controler, expresiva y muy humana; Erick, al que se le va corrigiendo el miedo escénico, creativo y muy matemático.

Con todo ello, después de algunos meses de larga convivencia, hoy quiero dedicarles un modesto homenaje. Venidos desde distintos puntos, con sus vidas propias y sus distintas vivencias, un día el destino nos puso en un objetivo común que creo que todos y todas hemos alcanzado con creces. Me llevo de todos ellos el trato humano y la conversación amable; el constante afán de superación en circunstancias especiales y a veces no fáciles; la sonrisa y el gesto humano, sus anécdotas pasadas y el peso de la experiencia hecho bagaje. Estando en un proceso de abordar nuevos retos profesionales y haciendo un paréntesis para aderezarlo con una nueva y necesaria formación, hemos sido capaces de crear un clima de camaradería que sería necesario transportarlo a las empresas: objetivos comunes, noción de equipo, suma de distintos valores añadidos, entrega en el esfuerzo que requería el trabajo y, sobre todo, un mancomunado carácter que ha sido capaz de humanizar los distintos instantes.

Gracias a todos y a todas por vuestros gestos; por vuestras miradas de brillo transparente; por vuestros enriquecedores comentarios; por vuestra constante sonrisa y, por qué no decirlo, por alguna que otra lágrima que os ha hecho más humanos. Gracias por el tiempo dedicado a la conjunta convivencia, por ser como sois; porque desde vuestra esencia, estáis en disposición de seguir haciendo crecer los valores necesarios e intangibles. Os deseo toda la suerte que merecéis en este futuro inmediato que estáis a punto de acometer.