La esencia del mail-marketing o su buen uso en cualquier campaña publicitaria nos puede servir para desterrar la mala imagen que; merecida o no, acarrea cómo un lastre la propia actividad del mercadeo o mercadotecnia que, a grandes rasgos, no es sino la disciplina que analiza el comportamiento de los mercados y sus consumidores.

En no pocas ocasiones, la propia función de hacer marketing, se identifica con la acción de vender un bien o servicio a toda costa, sin tener muy en cuenta las necesidades y gustos del potencial cliente. Se identifica también con una tarea apresuradamente lucrativa, con poco trasfondo de comunicación bidireccional entre vendedor y cliente, cuyo principal objetivo parece ser el propio cierre de la venta en si, sin importar otra serie de circunstancias que, a la larga, tratadas con esmero y la profesionalidad esperada, si que nos pueden reportar un sustancioso y duradero beneficio para ambas partes.

El uso de la campaña de email marketing, por lo tanto, ha de ser una importante herramienta con la que sepamos generar confianza en el cliente, obteniendo a cambio, con ello, su lealtad y fidelización hacia la marca o empresa que en este caso esté ofreciendo sus servicios. Y la confianza es el primer gran eslabón que, de darse, sabrá tejer las relaciones duraderas con el cliente, puesto que con ella nos estamos ganando su fiabilidad, la cual notaremos por su recurrencia en el tiempo por nuestros bienes o servicios. Se fía de nosotros, confía y acude a nuestros servicio o productos porque sabe que somos los que mejor cubrimos sus necesidades.

Nuestro primer mensaje pues, es indicarle al cliente que nosotros no estamos vendiendo nada, porque sí; cómo fin único y último, desterrando de esta manera la frialdad y el mero mercantilismo en la relación. Sí le vamos a hacer comprender que nos dedicamos a cubrir sus necesidades y demandas con los mejores productos del mercado y para ello vamos a entablar unos nexos de unión que nos reporten mutuos y duraderos beneficios.

Cada campaña de mail-marketing, por lo tanto, es una oportunidad que nos va a permitir la relación personalizada con cada cliente, dependiendo de sus afinidades, gustos y necesidades. El cliente va a percibir que no es una publicidad fría y generalista, sino que por el contrario se entabla con él una comunicación sincera y directa; bidireccional y útil, demostrando con ello el valor ético e intangible de la empatía. Y lo que es más importante: le mostramos pormenorizadamente en cada comunicación personalizada con él que nos comprometemos a nos ser invasivos; a aclarar todo tipo de dudas que le surjan; a valorar y tener acceso a la opinión de otros clientes; a mostrarle las indicaciones y el buen uso del producto; a hacer un seguimiento a conciencia de su evolución; a seguir analizando y estudiando sus futuras necesidades.

A fin de cuentas, describirle que tenemos a su disposición un canal vivo, directo y birideccional cuya mejor y más importante ventaja es que lo hemos construido a su medida, para que nos siga nutriendo con su confianza y participación.