Por razones humanitarias te voy a pedir unos amables minutos de atención para el problema urgente de los refugiados sirios, de tal forma que, entre todos y todas; desde la mejor voluntad y la empatía más comprometida y activa, podamos lograr; sino solucionar por completo el problema que nos ocupa, al menos aminorarlo en la medida de nuestras posibilidades, lo cual ya supondría un gran logro común digno del mejor objetivo.

Se trata de salir de nuestra zona de confort, nuestra rutina diaria, el envoltorio de tranquilidad y comodidad en el que cada cual pueda estar inmerso y hacer un viaje profundo desde el corazón, a los asuntos de la gente. Abanderar con convencimiento el lema de que nada de lo humano nos sea ajeno, para de esta forma, incluir al otro en la patria humana sin fronteras que sería lo más solidario y deseable. Cambiar la primera persona del singular, con frecuencia abrazada a un solipsismo descomunal y muy poco creativo, por el nosotros, hermanado y plural, que sepa hacer causa común para que, lo aparentemente lejano, poder convertirlo en propio.

Hay más que suficientes razones para, con especial urgencia, tomar partido en esta iniciativa. Desde el año 2011, debido a la guerra civil desencadenada en Siria, la escalada de violencia y brutalidad ha ido afectando a la población civil que trata de huir de esa barbaridad tan cruenta. Hombres y mujeres; personas como tú y como yo, despavoridos y enajenados, poniendo tierra de por medio y buscando refugio y auxilio en países vecinos. Está siendo la guerra civil que más desplazados está causando en el mundo.

Hay suficientes razones para hacernos cargo del profundo y acuciante problema. El éxodo de la ciudadanía suma ya casi un 25% del total de la población en Siria. Diariamente se estima que aproximadamente unas seis mil personas sirias escapan de su país a causa de la guerra. Una cifra desorbitada e inmoral que cualquier conciencia humana no está en condiciones; ni de asimilar, ni de poder permitirse.

Se trata de cambiar, como decía, la noción de los otros, los ajenos, los lejanos, los que poco importan; por la del nosotros, los iguales, los cercanos, los propios y reconocidos, asumiendo con ello la solución de una deriva inhumana que nos concierne a todos y cada uno de nosotros, convirtiéndola en un objetivo asumible y alcanzable de trascendencias cívicas y éticas. Una suma de voluntades responsables que se hagan cargo de la envergadura del problema para dotarlo de una solución mancomunada y ética.

Te pediría, ya al final de estas líneas, un gesto importantísimo de fraternidad que, a buen seguro, tampoco te va a suponer mucho trastorno en tu vida cotidiana. Una plena defensa de los valores no perecederos e intangibles, colaborando para la donación de ayuda humanitaria que tanto necesitan y se merecen. Movilizarse para la acción nos repercute a todos y cada uno de nosotros, así como a todos y todas nos reporta un claro beneficio. Es por ello que garantizado el éxito, la movilización solidaria cobre mucho mayor sentido. Ya nos lo decía Aristóteles con su profundo aforismo: “¿Cuál es la esencia de la vida? Servir a otros y hacer el bien”. Gracias anticipadas por tu involucración.