Comentario de libros

Una apuesta digital

Una apuesta digital

Lo primero que llama la atención del excelente libro : “Europa frente a EE.UU. y China. Prevenir el declive en la era de la inteligencia artificial” es que lanza un mensaje de clara posibilidad de trabajo intergeneracional. Sus autores: Andrés Pedreño y Luis Moreno -de muy distinta edad-, por tanto, nos enseñan que la colaboración entre: veteranos, Baby Boomers, Generación X, Generación Y (más conocidos como Millennials) y Generación Z es posible, con todo lo que ello supone de imprescindible valor añadido en cualquier equipo o empresa.

Su trabajo es un alegato y una llamada de atención para que Europa salga de la brecha tecnológica en la que está inmersa desde hace décadas, motivado por políticas económicas nefastas y una sobrerregulación digital que relentiza los avances que serían necesarios. Y lo hacen, aportando pedagógicas soluciones, con el fin de “prevenir el declive”, como bien reza el título del propio libro, para no abocar a emprendedores a un desempleo juvenil que paralice la ilusión que todo futuro merece.

En sus páginas ya nos advierten del nuevo equilibrio geopolítico en el que la Unión Europea, si persiste en su retraso tecnológico, será la gran perjudicada en el tablero. Y un aviso para navegantes: incentivar el aprendizaje a lo largo de la vida para que el envejecimiento al que está abocada la ciudadanía de la propia UE, no se torne en crónico y grave problema de competitividad.

Abogan los autores por una mayor colaboración público-privada en beneficio de la eficiencia, que será un aspecto fundamental para lidiar con la disrupción en la que estamos inmersos, donde los cambios son constantes, de mucha entidad y se producen a muchísima velocidad. Disrupción que será la propagadora de inusuales saltos económicos que, ni los indicadores tradicionales, están sabiendo captar.

Y un último apunte que nos narran los autores: “si realmente nos preocupa el desempleo juvenil, deberíamos estimular las habilidades que serán claves en los sectores del futuro, y por supuesto acompañarlas de medidas para prevenir la fuga de talento a terceros paises”. Una invitación, como otras tantas entre sus páginas, para abordar el futuro con esfuerzo y determinación. Ser un país gacela.

Si desean asistir a uno de los debates que el libro del que les hablo, está propiciando, lo pueden hacer el próximo 14 de diciembre, a las 19:00 horas.
Una mesa moderada por Jordi Sevilla con:
Miguel Álava (director Amazon Web Services Iberia),
Iñaki Berenguer (cofundador y CEO de Cover Wallet),
Alicia García-Herrero (economista jefe de Asia-Pacífico de Natixis)
Andrés Pedreño (coautor del libro)

Pueden inscribirse aquí.
Para más información.

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La prosa acompasada

La prosa acompasada

Por desgracia uno se ha ido acostumbrando al lenguaje diario, muy manoseado de significados; a la expresión no exenta de dobleces y a la ausencia total de metáforas en cualquier conversación al uso. El ruido es el que capitanea las tertulias, con su abrupta cadencia y su no menos falta de tacto para la escucha cívica y activa. Es cómo si hubiéramos perdido el norte de la compostura, la brújula del sentir más acérrimo o los aperos de labrar la personalidad más reflexiva e íntima.

Pero en esas estaba cuando cayó en mis manos el nuevo libro de Fernando Aramburu: “Autorretrato sin mí” con su prosa acompasada, a la manera de Vallejo; o por qué no decirlo, con sus especiales arpegios que a mí me recordaban algunos versos de Félix Grande. Un libro hondo y musical, no apto para leer de a ratos, puesto que sus páginas te requieren desde el comienzo y las retinas van llevando hasta las galerías del cerebro esa constante y honda palabra emocionada.

Y me propuse dar las gracias a su autor por tan grata compañía; quizá de la única manera que sé; que es celebrando la existencia en torno a las palabras. Dedicar unos modestos párrafos a su bella creación; al compendio de emociones que se van hospedando en las habitaciones de la sangre; a la excelente intención de invitarte a viajar por la liana de los párrafos, cómo ya dijera Octavio Paz en su momento.

Una prosa acompasada, pues, cuya musicalidad es un germen creativo pensado para su disfrute. Una ocasión para construir, entre la dictadura de las prisas, unos paréntesis de sosiego por donde la lectura haga de las suyas. Una oportunidad de donarle a la propia emoción sus instantes de protagonismo, su pulso más certero, la presencia de su rúbrica sagrada.

Sean por dentro y vayan a sumergirse en el lírico mar de sus rotundas páginas.

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Luces en la ciudad democrática

Luces en la ciudad democrática

Acabo de leer uno de los últimos libros de Reyes Mate: “Luces en la ciudad democrática. Guía del buen ciudadano” que, en medio de esta prisa desmesurada y esta competitividad insaciable, se me antoja como un ilustrativo oásis de amabilidad e ideas. Ya la dedicatoria: “A Teresa, maestra en la escuela y en la vida”, tiene un poso de dulzura por donde se vislumbra un sincero agradecimiento acurrucado en la pedagogía. Una frase corta; pero entrañable, en cuya lectura ya adivinamos la sabiduría y exquisitez con las que se arropa el libro.

Y después de hacernos acompañar por el autor en medio del silencio creativo que circunda a las intempestivas horas; exentas de ese rigor obligatorio en que a veces son vasallas del tiempo de otros, nos entregamos a esa serenidad hondísima en la que nuestra ignorancia bebe sin descanso de esta fuente de conocimiento que ahora se nos ofrece.

Reyes Mate, con su prosa, me ha recordado mucho a Ortega: te lleva de la mano por la senda alambicada de las preguntas para que, sin abandonar su compañía; ayudándote de ella, vayas tú mismo en busca de las respuestas. Un recuento de propuestas, de virtudes públicas, de actitudes cívicas, de comportamiento humano y ciudadano con las que poder afrontar mejor las decisiones que la vida nos reclama.

Agradezco al autor profundamente su trabajo, así como la amabilidad de Julia Ayuso (Editorial Pearson Educación) por enviarme el libro. Espero y deseo que alrededor de él se den cita muchísimos lectores.

 

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Umbral

Umbral

Para el inicio de estas palabras, una frase de Emilio Lledó: “Si nos acostumbramos a ser inconformistas con las palabras, acabaremos siendo inconformistas con los hechos”. Y así fuiste tú, Umbral, desde esa ironía fina y esa prosa parda que tan bien comulgó, siempre, con el lenguaje: un inconformista de la vida.

Te seguí en innumerables ocasiones junto al perfil agridulce de tus libros. Noches de insensata lectura, a caballo entre el café que debilita al sueño, sólo para disfrutar de tu último trabajo y viajar alegremente en las lianas musicales de tus constantes metáforas. Admiraba tu lírica dramática expresada con hondura en “Mortal y Rosa” –acaso tu mejor libro- donde literatura y vida, en una copulación hondísima, llegaban ya a ser lo mismo. Me permitía aconsejar tus libros entre algún grupo de amigos –esa especie reducida que poco a poco vamos entre todos extinguiendo-, aunque bien es verdad que muchos de ellos no toleraban bien tu personaje y, como consecuencia de ello, fueron incapaces de asomarse al himno endiablado de tu prosa.

Y ahora te has ido, como yo presentía hace unos meses leyendo tu “Amado siglo XX”, dejando un poso de amargura que, supongo, será compartido con otros muchísimos lectores. Te has ido y, los que vamos quedando, como dijo Fernando Savater, “nos vamos haciendo peritos en pérdidas”, acostumbrándonos por obligación a esa desazón infinita que siempre nos causan los ausentes. Pero en este modesto rincón siempre quedará tu música entre páginas, a la espera de unas retinas que vuelvan a ponerlas de manifiesto cualquier noche, en medio del silencio acompasado y el amor incondicional que late entre los libros. Permanecerá tu pulso literario, tu amalgama de palabras extraídas de los confines amables del lenguaje, tu lírico dandismo y tu pose de personaje que a veces era fachada para preservar el cristal infantil donde guardabas los sentimientos.

Para el final de estas palabras, las que dan colofón al epílogo de tu último libro: “Umbral contempló su obra con sosiego y se tumbó a descansar”. ¡Hasta siempre, Paco!.

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