comentario de libros

La prosa acompasada

La prosa acompasada

Por desgracia uno se ha ido acostumbrando al lenguaje diario, muy manoseado de significados; a la expresión no exenta de dobleces y a la ausencia total de metáforas en cualquier conversación al uso. El ruido es el que capitanea las tertulias, con su abrupta cadencia y su no menos falta de tacto para la escucha cívica y activa. Es cómo si hubiéramos perdido el norte de la compostura, la brújula del sentir más acérrimo o los aperos de labrar la personalidad más reflexiva e íntima.

Pero en esas estaba cuando cayó en mis manos el nuevo libro de Fernando Aramburu: “Autorretrato sin mí” con su prosa acompasada, a la manera de Vallejo; o por qué no decirlo, con sus especiales arpegios que a mí me recordaban algunos versos de Félix Grande. Un libro hondo y musical, no apto para leer de a ratos, puesto que sus páginas te requieren desde el comienzo y las retinas van llevando hasta las galerías del cerebro esa constante y honda palabra emocionada.

Y me propuse dar las gracias a su autor por tan grata compañía; quizá de la única manera que sé; que es celebrando la existencia en torno a las palabras. Dedicar unos modestos párrafos a su bella creación; al compendio de emociones que se van hospedando en las habitaciones de la sangre; a la excelente intención de invitarte a viajar por la liana de los párrafos, cómo ya dijera Octavio Paz en su momento.

Una prosa acompasada, pues, cuya musicalidad es un germen creativo pensado para su disfrute. Una ocasión para construir, entre la dictadura de las prisas, unos paréntesis de sosiego por donde la lectura haga de las suyas. Una oportunidad de donarle a la propia emoción sus instantes de protagonismo, su pulso más certero, la presencia de su rúbrica sagrada.

Sean por dentro y vayan a sumergirse en el lírico mar de sus rotundas páginas.

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Luces en la ciudad democrática

Luces en la ciudad democrática

Acabo de leer uno de los últimos libros de Reyes Mate: “Luces en la ciudad democrática. Guía del buen ciudadano” que, en medio de esta prisa desmesurada y esta competitividad insaciable, se me antoja como un ilustrativo oásis de amabilidad e ideas. Ya la dedicatoria: “A Teresa, maestra en la escuela y en la vida”, tiene un poso de dulzura por donde se vislumbra un sincero agradecimiento acurrucado en la pedagogía. Una frase corta; pero entrañable, en cuya lectura ya adivinamos la sabiduría y exquisitez con las que se arropa el libro.

Y después de hacernos acompañar por el autor en medio del silencio creativo que circunda a las intempestivas horas; exentas de ese rigor obligatorio en que a veces son vasallas del tiempo de otros, nos entregamos a esa serenidad hondísima en la que nuestra ignorancia bebe sin descanso de esta fuente de conocimiento que ahora se nos ofrece.

Reyes Mate, con su prosa, me ha recordado mucho a Ortega: te lleva de la mano por la senda alambicada de las preguntas para que, sin abandonar su compañía; ayudándote de ella, vayas tú mismo en busca de las respuestas. Un recuento de propuestas, de virtudes públicas, de actitudes cívicas, de comportamiento humano y ciudadano con las que poder afrontar mejor las decisiones que la vida nos reclama.

Agradezco al autor profundamente su trabajo, así como la amabilidad de Julia Ayuso (Editorial Pearson Educación) por enviarme el libro. Espero y deseo que alrededor de él se den cita muchísimos lectores.

 

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